octubre 10

Así es. Hoy, como otras tantas noches, la bitácora perdió el sentido, la orientación, el norte. El silencio que ahoga a las musas apáticas, también se adueñó del corazón sufriente. Y pensar que adoraba tanto ese espacio sin estertores, sin quejidos, sin piruetas del ingenio. Por más que empuño la pluma y estrujo el espíritu, esta vez la sangre sólo es sangre. La tinta descansa cuajada en el alma. Y como el vicio se extiende más allá de su propia sequía, hasta me atrevo a deletrear la nada. El fuego lo devora todo. Todo se pierde bajo el agua. ¿En cuántas partículas de tiempo queda dividido el verbo hecho carne? Quiero preguntarme todo, para arrancar las raíces de lo que me espanta. Se pueda o no.