enero 28

Desde esta crispada quietud poblada de verdores,
fracturas y potencia estacionaria
cazo tu parda mirada, mi enorme mariposa sin alas.
Y guardo en mi enervada memoria
el aroma imaginario de tu peso contra mi corteza.
Cuento los días con sus noches
hasta el paso de tus ojos viajeros,
hasta el instante en que se hacen sol y me atraviesan.