enero 28

Merezco lo que se estrella en la nada
cuando el deleite de la poesía
te crece delito en la carne y
se te amontonan las palabras perfumadas
con el vino y el sudor de las botellas.
Envuelvo todo lo que no tengo
con el cuero de las lágrimas,
tenso por la muerte de los sueños y
lo guardo donde ni tu reflejo lo roza.
Que no me pregunten qué escondo
detrás de este corazón hambriento.
Ya no hay héroes en mi campo de batalla.
Por eso esta sedienta soledad
me clava su abandono hasta los huesos.
Ella sabe que ciertos amores
son sólo territorio de valientes.